jueves, 2 de julio de 2020

Gracias a la vida

Alí Ramón Rojas Olaya

El 19 de enero de 1824, Simón Bolívar agradece a la vida que Simón Rodríguez haya regresado de Europa y tenga los pies en nuestro país, que en ese momento se llamaba República de Colombia creada por el Libertador en Angostura el 17 de diciembre de 1819: “Sí, mi amigo querido, usted está con nosotros; mil veces dichoso el día en que usted pisó las playas de Colombia. Un sabio, un justo más corona la frente de la erguida cabeza de Colombia”. En un pasaje de la carta, Bolívar honra a Rodríguez diciéndole:
“Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló. Usted fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado. Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles”.

Agradecimiento es la manera en que nos toca entregar en reciprocidad por lo que hemos recibido. El agradecimiento es uno de los valores más sublimes que poseemos los seres humanos. Agrademos porque necesitan honrar a otras personas y porque entendemos a plenitud el significado de la solidaridad. Dar gracias es sentirse bendecido. Para Antonio José de Sucre: “La ingratitud es el crimen más grande que pueden los hombres atreverse a cometer”. El Abel de América, como lo llama el Libertador, cuando asume la presidencia de la República de Bolivia, afirma: “Amo a Bolivia como al cielo en que vi la luz; ella tiene multiplicados derechos a mi estimación. Mi deber es cuidar la dignidad de este pueblo generoso”. 

Simón Bolívar, después de recibir la ayuda material y pedagógica que el haitiano Alexander Pétion le brindó para liberar Venezuela, escribió: “En el fondo de mi corazón, Petion es el primero de los bienhechores de la tierra: un día América los proclamará su Libertador. No sé, si debiera nombrarlo como el autor de nuestra libertad”.

El poeta peruano José Carlos Mariátegui honra a su amada esposa: “Por ti, mi ensangrentado camino tiene tres auroras. Y ahora que estás un poco marchita, un poco pálida, sin tus antiguos colores de Madonna toscana, siento que la vida que te falta es la vida que me diste”.

Cuando España fue apesadumbrada por la Guerra Civil entre 1936 y 1939, de Venezuela salió Eduardo Machado, de Perú César Vallejo, de Chile Pablo Neruda, de México Alfaro Siqueiros y de Cuba salieron Rodolfo de Armas Soto, Alberto Sánchez y Pablo de la Torriente Brau para apoyar la República Española. La líder comunista vasca Dolores Ibarruri “La Pasionaria”, en su discurso de despedida en noviembre de 1938 se dirigió a ellos: “Cuando pasen los años y las heridas de la guerra se hayan restañado, hablad a vuestros hijos de las Brigadas Internacionales. Decidles cómo estos hombres lo abandonaron todo y vinieron aquí y nos dijeron: estamos aquí porque la causa de España es la nuestra. Millares de ellos se quedarán en tierra española. Podéis iros con orgullo pues sois historia, sois leyenda. Sois el ejemplo heroico de la solidaridad y universalidad de la democracia. No os olvidaremos, y cuando el olivo de la paz eche de nuevo sus hojas ¡volved! Volved a nuestro lado, que aquí encontraréis patria los que no tenéis patria, amigos los que tenéis que vivir privados de amistad, y todos, todos, el cariño y el agradecimiento de todo el pueblo español, que hoy y mañana gritará con entusiasmo: ¡Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales! Podéis marchar orgullosos. Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad”. Mientras esto ocurría, el dictador Franco contaba con el apoyo de sus afines fascistas Hitler, Mussolini y Salazar.

En una oportunidad, luego del triunfo de la revolución Sandinista, el revolucionario nicaragüense Tomás Borge se encontró de frente con su torturador. Viéndolo fijamente le escribió un poema: “Mi venganza personal será el derecho de tus hijos a la escuela y a las flores. Mi venganza personal será entregarte este canto florecido sin temores. Mi venganza personal será mostrarte la bondad que hay en los ojos de mi pueblo: implacable en el combate siempre ha sido y el más firme y generoso en la victoria. Mi venganza personal será decirte: buenos días sin mendigos en las calles, cuando en vez de encarcelarte te proponga te sacudas la tristeza de los ojos cuando vos, aplicador de la tortura, ya no puedas levantar ni la mirada. Mi venganza personal será mostrarte estas manos que una vez vos maltrataste sin lograr que abandonaran la ternura. Y es que el pueblo fue el que más te odió cuando el canto fue lenguaje de violencia, pero el pueblo hoy, bajo de su piel rojinegra, tiene erguido el corazón”.

En el año 2004, Hugo Chávez y Fidel Castro lanzaron la Misión Milagro por toda América con la finalidad de operar gratuitamente a la gente pobre que sufre de cataratas y otras enfermedades oculares. Uno de los tantos beneficiados fue el boliviano Mario Terán, antiguo suboficial jubilado tristemente famoso por haber fusilado al guerrillero Ernesto Che Guevara por órdenes de Estados Unidos el 9 de octubre de 1967 en la escuela de La Higuera en Bolivia. ¿Por qué hicimos este acto de amor contra alguien tan malvado? La respuesta nos la da el mismo Che Guevara: “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”.

José Gregorio Linares en su libro La utopía posible nos dice que: “la única forma de compensar ese regalo que venció la incertidumbre, es dar amor a todos los seres que nos acompañan en esta bendición que es la existencia, en este momento único en el que hay tanto por hacer y por cuidar en este pedazo de tierra en la cual sólo dejaremos lo que entreguemos. La única forma de retribuir es amar. Es nuestra manera de dar gracias a la vida, como lo canta la camarada chilena Violeta Parra”:

“Gracias a la vida que me ha dado tanto: me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto y el canto de todos, que es mi propio canto. Gracias a la vida que me ha dado tanto”.

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